jueves, 4 de diciembre de 2014

Calendario de Adviento (4): Martyria.

No sabía romper el hielo ni llenar silencios, se le cuarteaban las palabras y se le enredaba el miedo a las costillas cuando creía verte pasar. Tenía el frío en la yema de los dedos y el veneno en la punta de la lengua. No era mujer fina, no entendía ni vino ni de moda pero, aunque no vistiera de Prada, podía ser el mismísimo diablo. Le gustaba pisar fuerte y qué se supiera que había llegado, y no dejar tras de sí la estúpida estela de un vacío confuso. Ella era de esas personas que se arrepienten de haber leído antes de haber vivido, porque al esperar tanto, la decepción cae rápida y aguda, como la guillotina que dejó, también, a María Antonieta sin cabeza. Había roto espejos y  tirado miles de veces la sal, aún me gustar pensar en ella como una kamikaze de la suerte, abriendo el paraguas en el portal y retando con la mirada a Trufa, el gato azabache de Pilar, la vecina del séptimo. 
Tendrías que verla visto… Parecía una niña pequeña cuándo me hablaba de ti, con los ojos encharcados, taconeando en el suelo cómo cualquier niño en una tienda de juguetes. Caprichosa e indecisa, cuándo no sabía si te quería o te detestaba, apretando los puños y sirviéndome otra copa al ritmo de <<a partir de hoy, prohibido hablar de él>>. La última vez que la vi tú te acercaste a saludar y ella parecía tan fuerte enfundada en esos pantalones negros…
Hace tiempo que no la veo, desde que dijo, por vigésima vez, <<a partir de hoy, prohibido hablar de él>> y lo cumplió, desde entonces, no he vuelto a saber de ella y tampoco he vuelto a hablar de ti. 


------
Si quieres colaborar en el calendario de adviento, envía tu relato, poema, ensayo o canción a robles9691@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario