martes, 22 de septiembre de 2015

CRÓNICA RECITAL DÍA 19-9-2015

Siete de la tarde, Bar el Violín de Getafe. Una vez más, el establecimiento vuelve a estar lleno de jóvenes armados con libretas y bolígrafos, así como por personas que vienen con libros bajo el brazo y se apuntan una tras otra, al microlibre cuando Jesús les pide su nombre. Algún que otro despistado se pregunta qué va a ocurrir allí. Para ello, un cartel se ha colgado en la puerta del Violín comunicando que con este recital, se abre la segunda temporada de Akrópolis Poetry.

  Tras el habitual microlibre, llegaba al escenario Laura Roldán y no lo hacía sola: Segundos después de subir, pidió a Ainoa Buitrago, quien había llegado (por los pelos) al microlibre. Gracias a ello, la poesía de Laura alcanzó, como diría nuestro querido Andrés París, un nuevo "nivel de sensaciones" gracias al cual pudo hacer que su mensaje conectase con el público. Mediante una alternancia de poemas de tema amoroso con otros de temática más triste e introspectiva, logró a la perfección rellenar sus quince minutos. Y, para ser la primera vez que recitaba como invitada, su intervención fue muy buena: profunda, con un mensaje claro y unos versos gráficos y exentos de enrevesadas figuras literarias. Tal vez por eso, conectó sobre todo con los jóvenes, gracias a una poesía de apariencia amena y sencilla, bajo la que hay un comunicado y voz poética muy sincero.

  Después de Laura, llegaba Jesús Robles para dividir a la sala en dos: Por un lado los que se miraban unos a otros preguntándose qué se habría fumado el poeta y por otro, los que recibían con entusiasmo cada una de sus creaciones. Y es que el getafense llenó sus 15 minutos con escritura vanguardista y experimental, todo un arsenal en el que se mezclaron poemas abstractos, puramente sonoros, conceptuales e incluso "collage poetry". Con todo eso, logró llevar a aquellos que se dejaron arrastrar por él, hacia las nuevas fronteras de la poesía o tal vez, como decía la introducción de "The twilight zone" con la que abrió el recital, hacia una dimensión de imaginación, reflexión, sonido y visión.
  
  Culminando la tarde, llegaba Alejandro Fontcuberta con su recién estrenado poemario bajo el brazo. Su recital se centró sobre todo en el bloque "El dolor o la costilla" de "La Orquídea", puesto que en él se encuentran los que él considera sus poemas más trabajados, poemas que combinan la mitología con el existencialismo descarnado y la tristeza. Una buena aproximación al mundo de este poeta para aquellos que nunca antes lo habían leído. Para concluir, Alejandro dedicó unos escasos minutos al bloque "Nebraska", enfocado al amor. En ambos bloques se pudo apreciar el grafismo que este autor presenta en su poesía: Él no escribe versos, parece que los está montando como si de escenas se tratase. Su intervención estuvo además llena de discursos a favor de la "antipoesía", la creación por instinto o impulso y la defensa de las Humanidades, preguntando al público qué era la belleza, dándoles así tregua entre poema y poema.

En resumen, una nueva tarde de poesía y amistad en la que, pese a echarse en falta las caras más conocidas de Akrópolis, pudimos disfrutar de nuevos talentos a los que pronto volveremos a tener en los escenarios. ¡Nos vemos!! 












































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