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Viaja sin sombra,
con zapatos que pierden números
y razón áurea.
Sus letras del calibre 27
sacian quimeras
inconscientes
de cigarros anónimos,
de bocas mordidas por el sueño.
Sus cuatro paredes
son dados de seis cruces
tallados en cuentas silenciosas.
Si separa el dedo de los labios
es para disparar a las nubes
y que Dios caiga muerto.
Sigue a Laura Dietrich y su trabajo en @_LDietrich o en su blog dieltrich.wordpress.com
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